sábado, 24 de septiembre de 2016

EL CHALEQUITO BLANCO

El chalequito blanco que mi madre tejió 
con  la  abrigadora, lana como el amor que dio 
Las lanzaderas subían y bajaban danzarinas
tal vez, no solo de día, sino en hora vespertina 
¡Quién sabe si en otro momento, cuando desvelada estabas! 

Sus puntadas entretejían fieles marcas de tu ser
¿Serían plegarias, alegrías, remembranzas o suspiros? 
-¿Para quien con intensidad lo haces?-
                  Mi curiosidad repetía.
-No te lo puedo decir, porque sorpresa será-

Mi memoria revoloteaba, cuando Jacob entregaba
en singulares colores el manto de amor a José. 
Solo,  él que ama, crea,  entrega, se regocija...
Símbolo  para prosperidad será, cuando cubra 
El Perdón, la Misericordia y la Bondad 

Así fue como más tarde,
         a sus hermanos

  José, entre lágrimas confirmó 

¡Muchos años han pasado y en el presente estás!  
Hoy, cumples con fidelidad  para lo que fuiste creadoAbrigas, mis sueños, mis tristezas, mis clamores...
Hoy, silenciosa, inmóvil, humilde, escuchas
lo que  la Palabra con sabiduría anuncia:

El amor, que cubre multitud de fracasos 
La misericordia que al necesitado ofrece.
La  fe  certeza del Invisible
La  esperanza que no avergüenza 

Juntas  escucharemos cual oración majestuosa,
con el  chalequito arropadas la inefable  promesa,
“ En la casa de mi Padre  por largos días morarán”

En homenaje a mi madre Elvira Campos de CHIGNE
Elsa CHIGNE     22 Julio, 2016



lunes, 26 de marzo de 2012

GENTE QUE CAMINA de Salvador Dellutri

Esta obra, escrita con maestría pedagógica, le garantiza al lector, llegar a la meta final, con éxito, como propuesta de vida, siempre, que siga la hoja de ruta que el autor señala. Es un libro que edifica de principio a fin. En estos tiempos que las personas tratan de rediseñar la ingeniería de sus vidas, procurando equivocarse menos y alcanzar más, podemos decir que su mensaje es de necesidad urgente.
El autor precisa, como población objetivo, a los jóvenes. Sin duda es la mejor época de la vida para hallar el equilibrio dentro de tanta desorientación social. Es la edad de los sueños, ideales, desafíos y anhelos de cambio y estos sueños se esfuman por no saber plasmarlos en el espacio y en el tiempo, que claramente explica Ezequiel. Los jóvenes, son los héroes en potencia, capaces de llegar al final de sus metas cuando alguien cautiva sus mentes. Al mismo tiempo son proclives al desaliento, a tirar todo por la borda si las cosas no salen como ellos quieren. Por eso Ezequiel pensó en este Plan de vida, no solo para ellos sino para toda persona que sinceramente, quiere vivir una la vida plena.
Al fijar la vista en la estructura del libro, comprendí, que sería difícil no leerlo, ininterrumpidamente. En mi caso, me sentí atrapada por su singularidad, objetividad y sobre todo por los fundamentos sabios de la Palabra. Allí encontramos a Jesús respondiéndonos con autoridad:
“Yo soy el camino,
Yo soy la verdad
Yo soy la vida…..”
El autor va definiendo el eje de la temática, a través del énfasis que le da al sustantivo “Camino” que se convierte en el marco lógico de la obra.
Su energía y vigor se traduce en un enfoque claro, directo, libre de lo gaseoso. No anula el tono afectivo de una invitación cálida, no impuesta, sino que sugiere y comparte, cual maestro tierno, que busca lo mejor para su discípulo. En declaraciones como: “Nosotros somos el sueño de Dios, su más grande anhelo…” nos descubre el propósito de Dios en nuestras vidas, que es convertir nuestro camino y el suyo en una sola vertiente hacia su reino.
El presente contínuo y el uso reiterativo del verbo ir, en “Gente en el camino” nos lleva a la reflexión que toca el corazón: ¿A dónde vas? ¿A donde vas? ¿A dónde vas?
Leer estas interrogantes, trajeron a mi memoria la lectura de esa gran novela historia que, en mis años juveniles leí, cuyo título era ¿Quo vadis? ¿A dónde vas? de Henryk Sienkiewiez. Los mismos cuestionamientos de “Gente en el camino”. Sin embargo, mientras el primero nos confronta con la realidad existencial, y nos lleva a tomar decisiones, la segunda solo halaga la mente y el conocimiento cultural, pero sin dejar huellas trascendentes.
Cuánto más podríamos hablar del mensaje de esta obra de gran profundidad, cuya base bíblica esta enfocada en la vida y obra del profeta Nehemias. Aprendemos de él, que si queremos alcanzar nuestros sueños, tenemos que dejar la comodidad, porque esta se convierte en un obstáculo para tomar decisiones. Si queremos seguridad, entonces debemos ir siempre en pos de esos sueños, pero insertar en ellos la búsqueda de la solución de las necesidades de otros.
La lectura me lleva a recordar conceptos vitales que deben ser mi estilo de vida cuando reflexiono y me pregunto ¿Qué le puede pasar a mi hermano si yo no intervengo?
Elsa Chigne C.

viernes, 16 de diciembre de 2011

jueves, 1 de diciembre de 2011

Comentario al libro “Abrazadas” de Keila Ochoa.

Este maravilloso libro tocó las fibras más sensibles de mi alma. Me pregunto. ¿Cómo será en aquellas que han sufrido el abuso? A medida que leía el manuscrito, iban desfilando los pequeños rostros de Alicia, Nancy, Teresita, Rebeca, y muchas otras. Ninguna pasaba de los nueve años. Y así mismo, de niños, como Juan Julio, Manuel, Iván quienes fueron rescatados, en nuestro albergue, fundado para este fin. Me impresiona el acierto que la autora hace de la problemática, pero lo más rescatable es la solución a ella, que deviene de lo que Dios nos recuerda en su Palabra ofreciendo consolación esperanza y vidas restauradas.

Situaciones y rostros cercanos, identificadas en la convivencia, como expresiones de vida, resultaron mas contundentes que las apreciaciones psicológicas de un profesional. Pudimos entender la causa del dolor, la impotencia del reclamo, y los anhelos de liberación, todas ellas traducidas en rebeldías y peleas, en pesadillas nocturnas, en constantes escapadas de la escuela y del albergue, como en inapetencias o enuresis nocturnas.

Como refiere la autora muchos libros abordan el tema, pero que distinto es tener el libro abierto de una vida en crisis. Toda lectura secular, terapéutica en estas especialidades, que abordamos nos dieron parte del conocimiento, al tener inmediata necesidad de buscar tratamiento a estas vidas en crisis. Pero gracias a Dios que tuvimos el recurso de la oración y la fe al saber que la obra de restauración la hace el Señor y en eso confié.

Mientras recorría las páginas de “abrazadas” despertaba en mi interior, identificación con ese sufrimiento real, que sin ser mío, tangiblemente, lo hice propio por empatía y acompañamiento. Sin embargo, lo más significativo del libro es el mensaje de esperanza, de sanidad, de ese afecto imperativo, prolongado y trascendente, que solo puede darlo el Dios de toda justicia. Quiero creer que nuestro trabajo no fue en vano y que las Alicias abandonadas, que pasaron por mi vida, sean, como dice Keila, “las jovencitas, hermosas, vestidas con las mejores ropas y de huérfanas hayan pasado a reinas” por la acción maravillosa de Dios.

No es fácil ver de cerca a una sociedad dolida, pero sin compromiso, aun a ciertos magistrados insensibles, minimizando el daño, con actitudes que gritan en su interior, “eso se ve todos los días” legitimando conductas reprobables. La razón, es que la restauración de esas vidas resulta muy costosa e implica compromiso e inversión en el sistema y en las personas. Una mirada fría de estos lideres, es que los niños, “no producen” por eso se posterga toda inversión. Como solución final terminan, muchas veces, devolviéndolos a los hogares maltratantes, sin comprobar la superación de la crisis.

Como la autora precisa, si bien Dios no habla directamente del abuso, sin embargo, Dios empieza este proceso pedagógico, dándole un rostro humano a su pueblo. Advertimos, su paciencia interminable, su misericordia entregada por amor, para sellarlo con el abrazo del Padre, que las víctimas anhelan, como el sediento siervo, cual imagen lacerada por la sed interior que los Salmos nos relatan.

Allí esta el Padre, dolido, ofreciéndoles restauración de vidas, arrancando los eslabones reincidentes de la esclavitud en cadena, que como un cáncer, repiten lo que hicieron con ellos y ellas. Mas adelante, los lleva a ocupar una “situación privilegiada” nos dice Keila, cambiando en sonrisas los ceños fruncidos, en cánticos nuevos, los lutos del alma, como cuando las “raíces son arrancadas de la palmeras, para convertidas en joyas preciosas”.

Este libro no se puede dejar de leer y hasta tenerlo como un manual de encuentro y consulta, para todos aquellos que trabajan con niños, para todo consejero eclesial y aun más, las puertas de la Iglesia deben aperturarse y no estar clausuradas cuando el delito se comete. Somos los embajadores de Dios para ejercer justicia. Nuestro reto continúa, poniéndonos en la brecha por las victimas, teniendo una voz actualizada y firme, buscando restauración a las que sufren humillación y les robaron su inocencia tempranamente. Es caminar de la mano, identificadas con la compasión de Jesús.

Gracias Keila porque junto al quebrantamiento que la lectura produjo en mi, también surgió la gratitud inmensa a Dios por las veces que me dirigió en la búsqueda de soluciones de estas vidas amadas.

Elsa Chigne C.

Apreciaciones de “GENTE QUE CAMINA” de Ezequiel Dellutri.

Esta obra, escrita con maestría pedagógica, le garantiza al lector, llegar a la meta final, con éxito, como propuesta de vida, siempre, que siga la hoja de ruta que el autor señala. Es un libro que edifica de principio a fin. En estos tiempos que las personas tratan de rediseñar la ingeniería de sus vidas, procurando equivocarse menos y alcanzar más, podemos decir que su mensaje es de necesidad urgente.

El autor precisa, como población objetivo, a los jóvenes. Sin duda es la mejor época de la vida para hallar el equilibrio dentro de tanta desorientación social. Es la edad de los sueños, ideales, desafíos y anhelos de cambio y estos sueños se esfuman por no saber plasmarlos en el espacio y en el tiempo, que claramente explica Ezequiel. Los jóvenes, son los héroes en potencia, capaces de llegar al final de sus metas cuando alguien cautiva sus mentes. Al mismo tiempo son proclives al desaliento, a tirar todo por la borda si las cosas no salen como ellos quieren. Por eso Ezequiel pensó en este Plan de vida, no solo para ellos sino para toda persona que sinceramente, quiere vivir una la vida plena.

Al fijar la vista en la estructura del libro, comprendí, que sería difícil no leerlo, ininterrumpidamente. En mi caso, me sentí atrapada por su singularidad, objetividad y sobre todo por los fundamentos sabios de la Palabra. Allí encontramos a Jesús respondiéndonos con autoridad:

“Yo soy el camino,

Yo soy la verdad

Yo soy la vida…..”

El autor va definiendo el eje de la temática, a través del énfasis que le da al sustantivo “Camino” que se convierte en el marco lógico de la obra.

Su energía y vigor se traduce en un enfoque claro, directo, libre de lo gaseoso. No anula el tono afectivo de una invitación cálida, no impuesta, sino que sugiere y comparte, cual maestro tierno, que busca lo mejor para su discípulo. En declaraciones como: “Nosotros somos el sueño de Dios, su más grande anhelo…” nos descubre el propósito de Dios en nuestras vidas, que es convertir nuestro camino y el suyo en una sola vertiente hacia su reino.

El presente contínuo y el uso reiterativo del verbo ir, en “Gente en el camino” nos lleva a la reflexión que toca el corazón: ¿A dónde vas? ¿A donde vas? ¿A dónde vas?

Leer estas interrogantes, trajeron a mi memoria la lectura de esa gran novela historia que, en mis años juveniles leí, cuyo título era ¿Quo vadis? ¿A dónde vas? de Henryk Sienkiewiez. Los mismos cuestionamientos de “Gente en el camino”. Sin embargo, mientras el primero nos confronta con la realidad existencial, y nos lleva a tomar decisiones, la segunda solo halaga la mente y el conocimiento cultural, pero sin dejar huellas trascendentes.

Cuánto más podríamos hablar del mensaje de esta obra de gran profundidad, cuya base bíblica esta enfocada en la vida y obra del profeta Nehemias. Aprendemos de él, que si queremos alcanzar nuestros sueños, tenemos que dejar la comodidad, porque esta se convierte en un obstáculo para tomar decisiones. Si queremos seguridad, entonces debemos ir siempre en pos de esos sueños, pero insertar en ellos la búsqueda de la solución de las necesidades de otros.

La lectura me lleva a recordar conceptos vitales que deben ser mi estilo de vida cuando reflexiono y me pregunto ¿Qué le puede pasar a mi hermano si yo no intervengo?

Elsa Chigne C.

sábado, 21 de mayo de 2011

“Abrazadas”

Este maravilloso libro tocó las fibras más sensibles de mi alma. Me pregunto. ¿Cómo será en aquellas que han sufrido el abuso? Yo no los viví, pero a medida que leía el manuscrito, iban desfilando los pequeños rostros de Alicia, Nancy, Teresita, Rebeca, y muchas otras. Ninguna pasaba de los nueve años. Y así mismo, de niños, como Juan Julio, Manuel, Iván quienes fueron rescatados, en nuestro albergue, fundado para este fin y con quienes mantuve una relación personal. Me impresiona el acierto que la autora hace de la problemática, pero lo más rescatable es la solución a ella, que deviene de la Palabra de Dios y es por eso que ofrece consolación esperanza y vidas restauradas.


Situaciones y rostros cercanos, identificadas en la convivencia, como expresiones de vida, resultaron mas contundentes que las apreciaciones psicológicas de un profesional, en un comienzo. Pudimos entender la causa del dolor, la impotencia del reclamo, y los anhelos de liberación traducidas en rebeliones y peleas, en pesadillas nocturnas, en constantes escapadas de la escuela y del albergue, como en inapetencias o enuresis nocturnas.


Como refiere la autora muchos libros abordan el tema, pero que distinto es tener el libro abierto de una vida en crisis. Toda lectura secular, terapéutica en estas especialidades, que abordamos nos dieron parte del conocimiento, al tener inmediata necesidad de buscar, tratamiento a estas vidas en crisis. Pero gracias a Dios que tuvimos el recurso de la oración, y la fe, de saber que la obra de restauración la hace el Señor y en eso confié.


Mientras recorría las páginas de “abrazadas” despertaba en mi interioridad, identificación, con ese sufrimiento real, que sin ser mío, tangiblemente, lo hice propio por empatía y acompañamiento. Sin embargo, lo más significativo del libro es el mensaje de esperanza, de sanidad, de ese afecto imperativo, prolongado y trascendente, que solo puede darlo el Dios de toda justicia. Quiero creer que nuestro trabajo no fue en vano y que las Alicias abandonadas, que pasaron por mi vida, sean “las jovencitas, hermosas, vestidas con las mejores ropas y de huérfanas hayan pasado a reinas” por la acción maravillosa de Dios, como magistralmente describe Keila Ochoa.


No es fácil ver de cerca a una sociedad dolida, pero sin compromiso, aun a ciertos magistrados insensibles, minimizando el daño, con actitudes que gritan en su interior, “eso se ve todos los días” legitimando conductas reprobables. La razón, es que la restauración de esas vidas resulta muy costosa e implica compromiso e inversión en el sistema y en las personas. Una mirada fría de estos lideres, es que los niños, “no producen” por eso se posterga toda inversión. Como solución final terminan, muchas veces devolviéndolos a los hogares maltratantes, sin comprobar la superación de la crisis.


Este libro, tiene relevancia porque vemos el actuar de Dios lleno de amor y compromiso con las víctimas. Como la autora precisa, si bien Dios no habla directamente del abuso, sin embargo, Dios empieza este proceso pedagógico, dándole un rostro humano a su pueblo. Advertimos, su paciencia interminable, su misericordia entregada por amor, para sellarlo con el abrazo del Padre, que las víctimas anhelan, como el sediento siervo, que los Salmos nos relatan, cual imagen lacerada por la sed interior.


Allí esta el Padre, dolido, ofreciéndoles restauración de vidas, arrancando los eslabones reincidentes de la esclavitud en cadena, que como un cáncer, repiten lo que hicieron con ellos y ellas. Mas adelante, los lleva a ocupar una “situación privilegiada” nos dice Keila, cambiando en sonrisas los ceños fruncidos, en cánticos nuevos, los lutos del alma, como cuando las “raíces son arrancadas de la palmeras, para convertidas en joyas preciosas” ratifica la autora.


Este libro no se puede dejar de leer y hasta tenerlo como un manual de encuentro y consulta, para todos aquellos que trabajan con niños, para todo consejero eclesial y aun más, las puertas de la Iglesia deben aperturarse y no estar clausuradas cuando el delito se comete. Somos los embajadores de Dios para ejercer justicia. Nuestro reto continúa, poniéndonos en la brecha por las victimas, teniendo una voz actualizada y firme, buscando restauración a las que sufren humillación y les robaron su inocencia tempranamente. Es caminar de la mano, identificadas con la compasión de Jesús.


Gracias Keila porque junto al quebrantamiento que la lectura produjo en mi, también surgió la gratitud inmensa a Dios por las veces que me dirigió en la búsqueda de soluciones en crisis existenciales.

jueves, 31 de marzo de 2011

Comentando la novela "Amigas" de Patricia Adrianzen




Este libro guarda en sus páginas una riqueza pedagógica, por su acuosa investigación, cuyas bases incuestionables tienen como fundamento la Biblia. Me cautiva hasta llevarme a ser partícipe activa, no sólo por su conocimiento sino, fortaleciendo mi fe, movilizándome con esperanza y ánimo, por la vigencia de la “Palabra viva”, que no cambia. Además es un indicador valioso, de nuestra madurez espiritual y poder saber, como dice la autora “qué tan efectivas somos en nuestra perseverancia y dedicación a las personas que consideramos nuestras amigas” La narración en primera persona, nos acerca a la individualidad de las protagonistas y nos traslada al tiempo y al espacio, permitiendo, que el lector haga un ejercicio obligado de contextualización con la sociedad contemporánea. Muy interesante e invalorable el uso del griego para alcanzar una verdadera connotación y significado de las palabras por ejemplo “oír”, “ekouen” donde la autora nos da un alcance muy rico de un presente sin interrupción. Ella nos dice que expresa continuidad, esto significaba, que “María de continuo escuchaba al maestro, ella tenía por costumbre hacerlo” Me conmueve ver como la condición de la mujer de esa sociedad, excluida y postergada, retoma su dignidad y valía personal con el toque del compañerismo de Jesús, quien le otorgó el privilegio de ser portadora del mensaje de la resurrección. Nos convoca, al mismo tiempo, a ser co-protagonistas de la misma misión que tuvieron los personajes en este tiempo y con esta sociedad María al ver llorar a Jesús por la muerte de Lázaro, nos recuerda, el amor que el Señor tuvo por la humanidad cuando nos dice refiriéndose a Jesús: “la muerte le dolía” Expresión muy profunda. Sin duda, la autora hace gala de su pluma literaria y sentimiento cristiano, al describir el sufrimiento del Señor camino al Gólgota, por su discípula y amiga, María Magdalena. Permite que mi actitud de lectora se vigorice y conmueva con este hecho, que es más que historia, trae consigo el toque de la transformación de vidas. El propósito de la autora se cumple cuando nos va conduciendo y animando a desarrollar los dones, que fue el estilo de vida en las protagonistas y que las lectoras tienen los elementos para la aplicación de esta pedagogía reflexiva, si así lo decidieran. En la página ocho y veintiuno se repiten los mismos conceptos: “Cuando sufrimos perdemos la perspectiva de que Él está cerca, que Él está con nosotras, que le interesamos, y que es capaz de consolarnos. 21 “Porque cuando sufrimos generalmente perdemos la perspectiva de que Jesús está vivo muy cerca de nosotras” También nos dices ¡Cuán difícil nos es identificar a Dios cuando estamos hundidas en la depresión! Tal vez explicar el por que perdemos esa perspectiva. ¿Podría asumirse al estado de vulnerabilidad del que sufre, y a una mirada introspectiva exagerada, absorta en si mismas, en el recuerdo y en el dolor? Además seria valioso dar algunos consejos para lograr enfocarnos en la perspectiva divina. Por ejemplo leer la Palabra, alabar, traer a memoria, las promesas de Jesús, cuantas veces sea necesario, recordándonos que la voluntad en ejercicio trae más ayuda que los sentimientos aislados, porque la voluntad, termina tomando el control de ellos. Lo digo porque sabemos que han sido parte de nuestra praxis. Para ampliar la riqueza de este libro ¿Que otros consejos podríamos tener para lograr “ una actitud buena aun que no podamos ver lo que esperamos” Estoy pensando en que la fe va más allá y es necesario “creer para ver” Cuando dices:” No hay nada más precioso que descubrir que Jesús el amigo por excelencia, siente en carne propia nuestro dolor. Y está allí presto a mostrar su gloria en nuestras vidas.” ¿Podrías aclararnos algunas formas cómo se llega a ese descubrimiento? Por ejemplo, para mí, seria la paz intensa e incomprensible que permite apaciguar el dolor. En la identificación que la autora tiene con María en la página once, donde menciona la creación de un poema, pienso que sería oportuno, tierno y delicioso, que se transcriban algunos, versos, o el total del poema. Me gustó mucho el mensaje tan aleccionador, bondadoso y exhortativo de la autora llamando a mantener una relación de calidad, como amigas con nuestras hermanas, ella nos dice: “No permitas que el tiempo tome la dimensión de la distancia. Construye un puente que llegue al corazón de tu hermana” Al reflexionar sobre los personajes, pensé que seria un desafió muy valioso si tuvieras un enfoque de María la madre de Jesús, pues sería revolucionario