sábado, 4 de septiembre de 2010





























LO QUE DIOS HACE, NO PODEMOS CALLAR.

Para ustedes, que son parte de lo más significativo en mi vida y del ministerio de Compasión, de la cual son participes activos, relato mi última experiencia, para resaltar, la intervención de Dios con respuestas en SU tiempo.

El pasado 2009 en mi viaje de visita y relax a Miami, viví un estremecedor momento por la enfermedad, que me llevó a una emergencia al Hospital Bautista. Fueron tiempos difíciles, extendidos a mi hija, en cuya casa me hospedaba. Sin embargo pude experimentar el amor de Cristo en múltiples formas, tales como en las relaciones familiares y personas que Dios puso en mi camino, destaco los momentos muy especiales, en mi relación íntima con el Señor.


Reconstruyendo algunos hechos, hubo un momento, que estremecida por la situación de enfermedad, y en una cadena de oración por teléfono, iniciamos la oración. Lo que debemos decir o pedir, lo dirige el Espíritu Santo. Mi intercesión fue por los niños de extrema pobreza en el Perú. Sabía como diariamente, les acompañaba la pobreza del alma, del cuerpo y del espíritu.
Que acertado es el indicador que anuncia, que el avance de un país se mide por la calidad de vida de sus niños. Yo era consciente de esa realidad, porque venia trabajando con ellos cerca de veinte años, aunque con la mayor parte con niños de otro perfil. Esta vez parte de las metas para el ministerio se darían precisamente, en Miami.

NADA SUCEDE POR CASUALIDAD

Encontrándome en Miami, Connie y familia tenían que viajar y realmente no era algo que me encantaba acompañarlos, pues ellos eran parte de un programa de varios días y todo en Inglés. Por eso me quedé en casa de una gran amiga y misionera que si algo le sobraba era toneladas de amor, como producto de su relación con Dios. A esto se añadía el don de servicio en el programa de Benevolencia, en su Iglesia, Catedral del Pueblo, .
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En la amistad, que pareciera de muchos años atrás, le compartí el ministerio de compasión con los niños que junto a un grupo de personas muy valiosas, habíamos iniciado hacia tres años. Ana con su estilo de vida desbordante, como buena cubana, le compartió a su compatriota el Pastor, Oscar Dellet. El, quiso conocer de fuente directa y un día apareció en la casa.
En una plática amistosa, de varios minutos, le conté a grosso modo mi experiencia en los caminos del Señor. Prontamente, se convertiria en un aliado,, pero sobre todo, en un intercesor en la oración por mi vida y el ministerio.
Su iglesia naciente llamada “Amor, Fe y Cultura, conoció por boca de su Pastor, lo que era el ministerio de Compasión. En una prédica inspiradora habló de la MISIÓN INTEGRAL, de la cual puso como ejemplo a nuestras personas. Ratificó que un misionero, ora, ofrenda o va al campo, es decir rescató nuestra identidad ministerial. El Señor lo uso para un despertar de valoración para el ministerio.

SE INICIA EL DESAFIO.

Solo faltaba dos semanas para retornar a Lima, y las puertas de otras Iglesias, los grupos de misiones diferentes se abrían para poder escuchar lo que les compartiría.
Entendí que no sólo se trataba de testificar, sino era importante y serio, devolver tanta dadivosidad, con el Proyecto escrito, que serviría como un respaldo al mayor conocimiento del ministerio, de allí que empecé a trabajar en el Proyecto con estos lineamientos, para entregar a las Iglesias. Pensé, no importa si pueden leerlo hoy, yo se los métodos de Dios él, conoce cuando cada línea será leída con interés y respalda.

ESTRATEGIA PARA DIEZ MINUTOS

Tenia que reducir la historia de veinte años a diez minutos de presentación en las Iglesias. Entonces pensé en un “antes y un ahora” como ejes de referencia, de mi persona y del ministerio.
Retomar las experiencias palpitantes, fueron emocionantes, para mí y los que me escuchaban. A pesar de tener un auditorio cristiano, disímil, por la cultura, lejana a la experiencia de sus países, sin embargo pude ver la empatía que nos unía tener el mismo PADRE CELESTIAL.
Notaba su expectativa, al narrar hechos históricos del país, en la época del terrorismo, donde proliferaron, mayormente, “los niños de la calle”, nuestra búsqueda y acompañamiento, que se convirtió, en un rescate a altas horas de la noche y primeras horas de la mañana, les era extraña por no ser parte de su realidad.


La equivocada búsqueda de encontrar “libertad” solo incrementaba el libertinaje, característica de la cultura callejera. Sus manos no se llenaban de dadivas, sino eran los canales para el robo y los asaltos enriqueciendo sus adicciones, que los hacían proclives a la persecución, hostilidad y marginación. A ese mundo fuimos llamados a ofrecerles lo que Dios ya les tenia preparado.
Lo válido de todo ello fueron las múltiples formas de la intervención del Señor, quien respondía milagrosamente a todas las necesidades mostrando su Compasión, su Protección y Provisión como atributos de su persona y ante las cuales no puede negarse.
Les decía que fue importante, para mi buscar la voluntad de Dios en la Palabra para iniciar este ministerio y mantenernos en ella. La Biblia fue el soporte para seguir día tras día, año tras año. Y ver hoy que este ministerio se ha extendido a otros lugares.

¡Y AHORA QUE!

Llegó el tiempo de la jubilación -les decía- y entregue la posta. Sin embargo me encontré con otro reto: Los niños siguen viviendo sin dignidad ni reconocimiento, en sus hogares mucho menos en la sociedad y peor aun, sin Dios, desconociendo los valores absolutos. Viven corroídos por la desnutrición y el hambre, teniendo como si fuera poco un entorno con bajas temperaturas de la Sierra y el calor exuberante de la Selva.
¿Cómo podemos hablarles de Dios con los estómagos vacíos? ¿O con una pobreza educativa, que les anuncia que difícilmente dejarán de ser pobres? Pero al mismo tiempo no queremos ser propulsores de una educación sin valores absolutos que devienen de la BIBLIA. Nos interesa que puedan alcanzar niveles altos de educación pero, que no se conviertan en pecadores educados, sin temor de Dios, donde el pecado se hace más sofisticado.

Ratifiqué, que con estos ejes y propuestas, nace una convocatoria, y allí estamos UNIDOS EN ACCION, hijos e hijas de Dios que nos hemos comprometido con ofrendar, orar, y también ir, en alguna oportunidad, a los lugares de extrema pobreza en zonas olvidadas y excluidas del país. Ellos saben que tenemos el apoyo de la misionera itinerante, que está en el trabajo de campo con los niños y sus familias, además están, todo el tiempo, las tutoras, a los lideres que enseñan la Palabra a los niños, profesores cristianos, haciendo reforzamiento escolar y una coordinadora para la Sierra. Con los recursos que Dios nos ha equipado llegaremos a la meta de orientarlo a ser Protagonistas de su propio desarrollo, de sus familias y su comunidad.

Fue otra sorpresa llegar a la Iglesia “El Altar de Dios”, siendo el pastor peruano, no era numerosa la congregación, pero me sorprendió también su dadivosidad, interés y una hermana que también se involucraba en el ministerio.

Mis contactos, valiosos para relacionarme, fueron Connie y Steve, ellos me ayudaron con las fotos y llevándome de aquí para allá, contaba también con el respaldo de oración por parte de nuestro grupo comprometido. Fue interesante tener una agenda llena los últimos dias, Sábados y Domingos, además de otros días,

Cuando terminaba, muchas personas se acercaban y con mucho sentimiento preguntaban como ayudar e involucrarse con nuestro ministerio. Y no dejaron de ofrendar

Llegó el día de partir a Lima, y ese mismo día, por la mañana estuve en un grupo de oración de la Iglesia El Buen Samaritano. Igualmente, la suficiencia de Dios cubría todas mis necesidades al compartir. También allí una hermana Berta se identificó con nuestro ministerio y expresó su deseo de ayudar.
Mi conclusión es que si nos enfocamos en la óptica de Dios, no sólo crece nuestra FE, sino que la ESPERANZA que es la FE al futuro, está rebosando por el toque de su presencia, que revierte en gozo que sobrepasa todo entendimiento.
Dios les bendiga.
Elsa Chigne
C.